“Las cosas son como son”.

Si la frase fuese cierta, no existirían las discusiones, ni las disputas, ni los conflictos. No habría necesidad, siquiera, de decir cómo son las cosas, porque todos las percibiríamos de la misma forma.

Entonces, la propia existencia de la discusión nos permite acercarnos a la idea de que las cosas no son como son, sino que son como somos. Las cosas son como las percibimos y las entendemos nosotros.

De allí que los problemas no sean objetivos, sino subjetivos.

Y si los problemas son subjetivos, ninguna otra persona puede darte la solución a tus problemas, porque la forma como los entenderá será distinta.

De allí la importancia de la guía hacia el descubrimiento del problema, clave para poder administrar una correcta solución.

Ése es parte de mi trabajo como coach.

 

Foto: “Certainty 2”, por Kit MacAllister en https://www.flickr.com/photos/kittrick/8168803140