Elige tu propia pesadilla

Sobre los incentivos y sobre las decisiones para abrir o para mantener cerrada la economía.  

No me gustan las películas de terror 

– Por el amor de Dios… ¡No salgas, la p$#% que te parió! 

No, no es mi reacción frente a la gente que sale durante la cuarentena. Es mi reacción, y la de muchos, cuando vemos una película de terror y alguno de los protagonistas sale a ver qué sucede en su casa y baja al sótano, o cuando sale a la calle… donde sabemos que se oculta el asesino, o el monstruo, o el fantasma… lo que sea, que finalmente va a matar al pobre infeliz.  

No me gustan las películas de terror. Y lo que no me gusta, pero claramente es lo que hace que la película sea de terror y no de otro género, es la sorpresa que vamos a sufrir. Sí, sabemos que algo nos va a sorprender. Y algunos aman esa incertidumbre… otros, entre los que me encuentro, no.  

En las películas de terror, uno espera que el protagonista no salga a ver qué sucede, porque ya sabemos lo que le espera. Muy probablemente, la muerte. Y le pedimos, le rogamos que no salga, aunque sabemos que va a salir. En definitiva, es su rol en la película y no se puede negar.  

Yo prefiero lidiar con la incertidumbre de la realidad, que siempre es peor a la que enfrentamos en las películas.  

Ahora somos protagonistas 

En esta situación que estamos viviendo, el virus está ahí afuera; no sabemos dónde ni quien lo porta. Pero ahora no estamos viendo una película. Ahora, los protagonistas de la situación somos nosotros y en algún momento tendremos que salir.  

El temor es natural. El temor es normal. El temor, como emoción, nos ha permitido sobrevivir como especie. Cuando sentimos temor, podemos comprender cómo se disparan una serie de procesos que liberan ciertos químicos y provocan ciertas reacciones en nuestro organismo. Todo eso dispara señales de alerta.  

Y el temor en esta situación también es normal. Cuidarnos, mantenernos adentro de nuestras casas, nos ha mantenido lejos del contagio. Y ha sido una buena decisión. Pero también deberemos enfrentar otras decisiones, que ya no nos gustan tanto.  

Salir es una de esas decisiones. Y debemos salir, porque debemos retomar las actividades, a pesar del riesgo que representa.  

Seamos realistas: veamos números, analicemos datos.  

3.700 versus 2.400 

Si bien podemos seguir sintiendo temor, todos los días vivimos en el medio de situaciones increíblemente riesgosas y, sin embargo, hemos seguido adelante. 

Los accidentes de tránsito apagan la vida de muchas personas diariamente. Cada año, y de acuerdo a datos de la Organización Mundial de la Salud (datos de 2018), los accidentes de tránsito producen, aproximadamente, 1.35 millones de muertes1. Los accidentes de tránsito cuestan a los países el 3% de su PIB anual. En promedio, estamos hablando de casi 3.698 muertes al día.  

En comparación, y de acuerdo a datos publicados en WorldMeter2 sobre el Covid-19, al 3 de mayo de 2020, la cantidad de muertos ha sido de 0,24 millones, a razón de 2.401 por día (desde el 22 de enero, cuando comienza el análisis, han pasado 103 días). Además, el porcentual de muertes por casos reportados alcanza el 6,97% (247.312 muertes en 3.546.758 casos). Podríamos afirmar, en principio, que el porcentual de no muertos es del 93%.  

Estos números nos permiten ver que, si bien la situación es grave, quizás no sirva de excusa para cerrar por completo la economía. 

3% versus –10% 

Si los accidentes de tránsito, que matan – en promedio – a casi 3.700 personas al día, cuestan a los países un 3% de su PIB: ¿cómo justificar que el Covid-19, que ha acabado con la vida de 2.400 personas al día, proyecte una caída de hasta el 10% del PIB en muchos países? En España pronostican una caída de más de 9% y el FMI pronostica una caída del 7,5% para la Zona Euro3.   

Dados estos números, muchos tomadores de decisión estarán comenzando a pensar en qué hacer, a pesar del Covid-19. Porque volver a poner el mundo en marcha cuando el ambiente vuelva a estar libre de virus es una ilusión. Hermosa, pero impracticable.     

Pero… y siempre hay un “pero”, puedo entender la decisión de quienes tienen responsabilidad ejecutiva. Es decir, la decisión que toman los políticos, para cerrar la economía poniéndonos a todos en una cuarentena indefinida.  

El juego político  

El político, como todos, toma decisiones en relación a su beneficio. Si crees que los políticos toman decisiones para beneficio de la sociedad, está muy bien. Pero deja de leer esto y sigue con Caperucita Roja…  

Para los que quedamos: los políticos toman decisiones de acuerdo a su beneficio. Y para un político es muy importante seguir siendo parte de la casta política. Ningún político va a tomar decisiones que hieran su futuro político y/o su pertenencia a la casta. O al menos, no lo hará en forma voluntaria.  

Por eso, abrir la economía – aunque sea en forma cuidada – no es una opción. Ningún político quiere verse relacionado con una imagen muy temida: muertos por las calles, gente llorando en televisión… todo por las “malas” decisiones que el político tomó. Y aunque el político no sea el responsable de esas muertes – porque ellas, casi en su totalidad – han sido causadas por la imprudencia y el poco cuidado de la misma gente que ha muerto, sí podría ser naturalmente culpado. Nuestra sociedad siempre busca culpables.  

El político, entonces, ordena que nadie salga de su casa. Y al que sale, palo.  

Y hay un segundo motivo por el cual el político toma esa decisión: él no tiene que generar los ingresos que le permitan vivir. El político cobra su sueldo del Estado, y el Estado recauda ese dinero a través de los impuestos. Y si bien todos sabemos que los políticos tienen otras fuentes de ingresos – mucho más cuestionables y mucho menos santas – podemos decir que sus ingresos no están (no estuvieron, ni estarán) en riesgo.    

¿Han visto alguna decisión de reducir los impuestos o de postergar su pago?  

No, porque no la ha habido. Tampoco la habrá.  

Entonces, todos adentro porque – si bien puede haber problemas de ingresos por cobro de impuestos – eso se salva redistribuyendo partidas4. Eso significa que “alguien va a terminar sangrando” pero claramente no será el político que toma las decisiones5. Y todos adentro para que nadie pueda culpar al político de haber tomado las decisiones que generaron muertes.  

Mientras tanto, la actividad privada, que es la que genera riqueza y paga los impuestos, está adentro y sufre.  

Las consecuencias de la cuarentena indefinida 

Quiebras económicas, muertos… pero más atenuado a lo largo del tiempo y menos impactante porque no se verán en los noticieros como se han visto apilados los cuerpos y los ataúdes de los muertos por Covid-19.  

¿Y entonces qué hacemos?  

Si esperamos la bandera de largada, con el político de turno agitándola para que todos volvamos al trabajo, aunque con muchísima precaución, eso no va a suceder (salvo que lo beneficie… en ese caso, será el primero en la fila).  

Hay que retomar las actividades, con muchísima cautela, porque de lo contrario no habrá actividad a la cual volver.  

¿Por qué con muchísima más precaución?  

Porque cuando la gente comience a salir, y observe que nada sucede (aunque esto pase a corto plazo), puede haber un nuevo brote, mucho peor que el nuevo.  

Un segundo brote 

No hago pronósticos, pero si leemos un poco de historia, podemos ver que – en el caso de la gripe española de 1918-1919 – luego del pico máximo de muertos hubo otro pico, casi tan mortal en cuanto a número de víctimas, unos meses después del primero.  

Recordemos que la cantidad de muertos, en ese período, fue de casi 40 millones (casi un 2% de la población mundial, compuesta por 2 mil millones de personas). Es como si por Covid-19 hubiera habido 150 millones de muertos (y ha habido, hasta ahora, solo un cuarto de millón de fallecidos).  

Es una buena decisión el extremar los cuidados cuando salgamos a trabajar nuevamente, para evitar un nuevo pico. Al menos, mientras se encuentra una cura, una vacuna, un antibiótico, o – en el caso más improbable – que llegue Superman o una flota de naves extraterrestres con una solución permanente.  

Y hay que tener mucho cuidado con una potencial segunda ola de contagios, porque ya sucedió y hace muy poco. Sucedió en la isla japonesa de Hokkaido6. Allí, el gobernador actuó muy rápidamente y determinó la cuarentena. Tres semanas después, y gracias a los buenos resultados, decidió levantarla. Quizás por el relajo en los cuidados, apareció una segunda ola de contagios, más grave que la primera. Y veintiséis días después, la isla entró nuevamente en cuarentena.  

Otras alternativas 

¿Hay alguna otra alternativa, que no sea la cuarentena total o la “administrada”?   

Si, por supuesto. Se trata de lo que se denomina “inmunidad colectiva” y es la que se aplica en Suecia. Funciona de la siguiente manera: no hay cuarentena de ningún tipo; simplemente se hace la vida normal para que la población genere sus propias defensas.  

Quizás la diferencia con otros países es que el gobierno se limitó a sugerirle a la población que tomara medidas de cuidado voluntarias, para evitar la propagación del virus, depositando en ella toda la responsabilidad de cuidarse. Esto fue explicado en un noticiero, cuyo link al video aquí adjunto7

¿Qué resultados han conseguido hasta el momento?  

Resultados que están siendo observados con mucho detenimiento, ya que – en comparación con otros países europeos que han aplicado la cuarentena – son los siguientes:  

País Contagiados Fallecidos 
   
España 236.899 24.275 
Francia 165.093 24.087 
Italia 203.591 27.682 
Reino Unido 165.221 26.097 
Suecia 21.092 2.586 
Finlandia 4.995 206 
Noruega 7.710 207 

Puede ser que la diferencia entre unos y otros sea simplemente cultural. De allí la importancia del comportamiento de la población, que no espera ayudas mágicas ni responsabilidad de los gobiernos, sino que asume su responsabilidad en la propagación del virus.  

Quizás para los entendidos en educación, haya cuestiones a considerar. Les dejo a ellos ese trabajo.   

Creo que en Latinoamérica estamos tan acostumbrados a la necesidad de un caudillo que venga a salvarnos, estamos tan poco familiarizados con la idea de la responsabilidad individual, que cuando tenemos que tomar las riendas de la situación y hacernos fuertes de verdad, pero no “a lo macho” como habitualmente vemos sino fuertes de mente, de espíritu, de voluntad y de acción, simplemente no sabemos cómo hacerlo.  

El virus no tiene en cuenta tu posición económica, tu posición social, tus títulos, tu ideología, o a quien conoces. Solo tu comportamiento, individualmente responsable, podrá ponerte a salvo.  

Pero podría suceder que ni eso alcance.   

Para finalizar  

Suspender la cuarentena total y retomar las actividades en forma administrada es una decisión acertada, para evitar un colapso económico que se lleve más vidas que el Covid-19.  

Los políticos no van a tomar esa decisión, porque no quieren ver su imagen por el suelo, en caso de que sucedan más muertes, y porque su situación económica no está en peligro, ya que cobran – la parte legal y la otra – a través de los impuestos que recaudan. 

Dado que la mortalidad es muy distinta en diferentes grupos, hay que considerar que los adultos mayores deben permanecer resguardados. Y el resto, nuevamente a trabajar, extremando cuidados.  

Hay que prestarle atención al temor, porque es una alarma que permite tomar decisiones en favor de nuestro cuidado. 

Comunicar la importancia de ser solidarios con el prójimo puede tocar algunos corazones. Pero el mayor cuidado es con uno mismo. Y cuidándose uno mismo cuidamos a los demás.  

Por último, debemos extremar los cuidados, y no debemos relajarnos porque – si hay algo que nos demuestra la historia – es que siempre hay una segunda ola de contagios.   

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