¿Y si lo simplificamos un poco?

Si complejizamos nuestro discurso, con la intención de parecer más inteligentes, elegantes y sofisticados, perdemos efectividad al comunicar.

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Confieso que cuando me convocan a una reunión y en la invitación aparecen las palabras “estrategia” y/o “innovación”, no tengo idea de qué tratará la misma.

Confesar esto podría ser un error, pero tengo mis motivos: ya no sé a qué se refiere la gente que habla de “estrategia”, “innovación”, “estratégico” y/o “innovador”.

Hablar sobre planificación de la estrategia de innovación suena tan importante como planificación de la innovación estratégica, como estrategia de planificación de la innovación y/o como estrategia de innovación de la planificación.

En cada caso, la reunión podría tratar sobre casi cualquier tema, de casi cualquier división, gerencia y/o departamento de casi cualquier empresa y/u organización, porque el uso de estrategia, estratégico, innovación e innovador es hoy tan amplio que nadie pone demasiada atención a su verdadero significado.

Si quisiera jerarquizar mi discurso, podría usar el calificativo de “estratégico” para hablar sobre cualquier cosa. Me puedo referir al marketing estratégico, a la comunicación estratégica, a la planificación estratégica… o al lugar estratégico donde estoy sentado en este momento para escribir estas líneas.

Si, además, quisiera que mi discurso sonara aún más sofisticado, podría utilizar el calificativo de “innovador” para cualquier cosa a la que me refiera. Todo puede ser llamado innovador. Leemos sobre comunicación innovadora, educación innovadora… (o sobre mi particular e innovadora manera de sentarme mientras escribo estas líneas).

Nadie duda sobre la importancia de la comunicación en las organizaciones. Pero ponemos poca atención sobre lo que decimos al comunicar. Si utilizamos incorrectamente un concepto, estaremos comunicando incorrectamente.

[Hago una pequeña pausa, para prepararme un rico e innovador mate (soy argentino y tengo muy arraigada la costumbre), antes de continuar con este estratégico artículo.

¿Qué habrá querido decir – se preguntará el lector – con “mate innovador” y “artículo estratégico”? Exacto. Yo me pregunto lo mismo cuando escucho a la gente hablar de estrategia e innovación.]

Con mi cuñado Dario, gerente regional de una importante multinacional norteamericana de tecnología, habitualmente conversamos (y nos reímos) sobre dos cosas: los estrambóticos perfiles en LinkedIn (hoy leí uno que decía “CEO: Chief Everything Officer”) y sobre el “doble click” que le damos a las personas cuando pedimos una aclaración sobre estos conceptos (semejante a lo que haríamos con el mouse sobre un término que desconocemos).

Cuando alguien presenta una idea como la última innovación estratégica de la empresa: ¿a qué se refiere? Yo lo pregunto (hago doble click) y la respuesta que recibo – habitualmente – es que se trata de una novedad. En ocasiones, si pregunto por qué esta novedad es una innovación estratégica, la respuesta es el silencio (o algún intento – utilizando algún otro término de moda – que complica aún más la idea original).

Para hablar correctamente debemos pensar correctamente. Pensamos correctamente cuando comprendemos el significado de los conceptos que utilizamos y los utilizamos de forma correcta. De esa forma, nos comunicamos con efectividad.

Simplifiquemos la comunicación, para comunicar de manera efectiva. Comprendamos lo que significan los términos, para pensar mejor.  

Si pensamos bien, hablaremos mejor. Y si nos comunicamos mejor, trabajaremos aún mejor.

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