Si alguien te dijera que cambiando la forma de preguntar puede cambiar tu vida, es probable que lo mires de forma muy extraña.

Pero es cierto: cambias las preguntas, cambia tu vida. Porque las preguntas son la consecuencia de lo que llamas problema. Lo que llamas problema es producto de tu interpretación.

Los problemas no son objetivos. Por ejemplo: si dos personas están hablando de un problema, no están conversando sobre lo mismo porque los problemas son su particular y personal interpretación de los hechos que experimentan.

Un ejemplo: no tienes trabajo. El problema, según me explicas, es que el gobierno ha hecho algo, o no lo ha hecho…o los empresarios son tal o cual cosa…o tus vecinos son esto o lo otro, las políticas de los países limítrofes permiten o no permiten hacer ciertas cosas, los inmigrantes, las nuevas restricciones, políticas, normas…etc.

Nada de lo que me cuentas es “el problema”. Estas relatando una serie de circunstancias sobre las que no tienes ningún control, y de acuerdo a tu mirada, pueden ser las causas de no tener trabajo.

El problema es: no tienes trabajo, cuando quieres tenerlo. El problema es la diferencia entre lo que quieres que pase y lo que pasa. Además, un problema es una situación sobre la que tienes control. Y nada de lo que mencionas está bajo tu control. En definitiva, lo que mencionas como problema no es el problema. Pueden ser causas que dificultan el conseguir empleo. Pero no son el problema.

Si el problema es esa diferencia entre lo que quiero que suceda y no sucede, donde tengo algún tipo de control sobre las causas que determinan esa brecha, las preguntas que hago son clave para entender qué sucede, determinar cómo ver el problema y trabajar en lo que controlo para resolverlo.

Entonces, te preguntas: ¿cómo puedo conseguir trabajo?

La pregunta te lleva a una serie de tareas, que terminan empleándote (o no).

Pero si cambio la pregunta, puede cambiar mi vida.

Si mejoro la calidad de las preguntas, cambiará mi vida.

Porque hay preguntas que, por la forma como están formuladas, no te permiten conseguir los objetivos que te planteas.

Porque, de acuerdo a la pregunta, oriento las tareas que voy a realizar.

Ejemplo: en lugar de preguntar: ¿cómo puedo conseguir trabajo?, pregunta: ¿cómo puedo convertirme en la persona que todo el mundo quiera contratar?

Otro ejemplo: en lugar de preguntar: ¿cómo puedo bajar de peso?, pregunta: ¿cómo puedo convertirme en la persona que tenga la disciplina de hacer el ejercicio necesario, comer lo que corresponde, para alcanzar el peso que deseo y mantenerme delgado?

¿Cuál es la diferencia?

Si la pregunta es ¿cómo puedo bajar de peso?, es probable que hagas dieta y ejercicios. Si la pregunta es ¿cómo puedo convertirme en la persona que tenga la disciplina de hacer lo necesario para alcanzar y mantener el peso deseado?, la dieta y los ejercicios serán la consecuencia de algo más duradero, que es lograr el compromiso de iniciar ese proceso y la disciplina para mantenerlo.

Otro ejemplo: en lugar de preguntar: ¿cómo puedo vender más?, pregunta: ¿cómo puedo convertirme en el vendedor que proyecta la confianza que requieren los clientes para cerrar la mayoría de los tratos de ventas?

¿Por qué cambiar la pregunta en este caso?

Porque en lugar de adquirir técnicas para lograr convencer (o manipular) a los clientes, trabajarás en otros aspectos relacionados con tu crecimiento personal, que derive en crecimiento profesional y, en consecuencia, mayores ventas.

Otro ejemplo: en lugar de preguntar: ¿cómo puedo hacer para que la gente sea puntual?, pregunta: ¿cómo puedo convertirme en la persona que nadie quiera perder un minuto de su compañía, llegando a tiempo para aprovechar al máximo el suyo?

Cambio la pregunta porque, en lugar de encontrar la forma castigar a aquellos que no sean puntuales, trabajarás en ti para lograr que la gente quiera llegar puntualmente a verte.

Cuando cambio la pregunta y la oriento hacia “cómo convertirme en”, dejo de pensar en cómo hacer para que los otros acepten, hagan, o dejen de hacer ciertas cosas – sobre lo que no tengo control – para dedicar el esfuerzo de trabajar en mí mismo, sobre quien sí tengo control.

El control es una de las claves para identificar qué es y qué no es problema. El control sobre las cosas es algo que tengo que identificar para saber si puedo o no puedo trabajar sobre ello.

Entonces, cambia la pregunta a partir de identificar sobre qué tengo control, cambia el problema, se reorienta mi esfuerzo hacia lo que sí puedo hacer, y cambia mi vida.

En conclusión, cambia la pregunta, cambia la meta, trabajo sobre mí mismo y cambia mi vida.

La clave es elevar la calidad de tus preguntas. Hay que hacer preguntas de calidad para orientar tu energía hacia el trabajo que te permite conseguir la respuesta que resuelve el problema.

Cuando tienes una respuesta de calidad, te orientas hacia el logro de tu meta.

Mejora la calidad de tus preguntas y mejorarás la calidad de tu vida.