¿Por qué la ignorancia es tan atrevida?

Nadie puede decir que es el mejor, si no se compara con los mejores.   

“Soy uno de los mejores”, me dijo desfachatadamente el diseñador. “¿Comparado con quién?”, le pregunté. No tuve respuesta. Le pregunté a quién conocía – como referentes de su profesión – y no tuve respuesta. Le pregunté a quién admiraba, o qué trabajos de otros profesionales de la disciplina lo emocionaban y tampoco tuve respuesta.   

Esta conversación me recordó el efecto Dunning-Kruger, que indica que cuanto menos sabemos, más creemos saber. Este efecto es un sesgo cognitivo, según el cual los individuos con escasa habilidad o conocimientos sufren de un sentimiento de superioridad ilusorio, considerándose más inteligentes que otras personas más preparadas, midiendo incorrectamente su habilidad por encima de lo real.   

Este sesgo se explica por una incapacidad meta cognitiva del sujeto para reconocer su propia ineptitud. Por el contrario, los individuos altamente cualificados tienden a subestimar su competencia relativa, asumiendo erróneamente que las tareas que son fáciles para ellos también son fáciles para otros.   

Una pequeña historia:   

En 1995, McArthur Wheeler, un robusto hombre de 1,70 metros y 130 kilos robó dos bancos a plena luz del día sin máscara alguna que ocultara su rostro. Fue arrestado una hora después que su imagen fuera mostrada en las noticias de ese mismo día.   

Wheeler, al parecer, confiaba en que aplicar jugo de limón sobre su rostro, le haría invisible a las cámaras. “¡Pero si usé el jugo!”, dijo Wheeler al momento de ser arrestado. La idea fue sugerida por dos amigos del ladrón, quien, precavido, primero probó su eficacia: se aplicó jugo de limón en toda la cara y luego se tomó una fotografía. Nada apareció, posiblemente porque la cámara terminó apuntando al techo. Por lo tanto, Wheeler asumió que permanecería invisible mientras no se acercase al calor, al igual que la “tinta invisible” hecha con jugo de limón.  

Extracto del libro: Del Vecchio, Fernando. (2018) Brilla. Trescientos sesenta y cinco días para alcanzar tu mejor versión y reinventar tu vida. Descarga gratuita desde http://bit.ly/2Y3UfEm  

Más sobre el tema: Soler Sarrió, Alberto. ¿Por qué los incompetentes desconocen que lo son? El efecto Dunning Kruger. Píldoras de psicología. Abril 2020. https://bit.ly/2yfxYLL  

Cállese y escuche

Primero: Si quiere ayudar, cállese y escuche. 

Esto es lo que cuenta Ernesto Sirolli en su charla TED del año 2012:  

Nuestro primer proyecto […] fue una iniciativa en donde unos italianos decidimos enseñar a la gente de Zambia a cultivar alimentos. Por lo tanto, llegamos con semillas y enseñamos a los locales a cultivar tomates y calabazas. Por supuesto, las personas no estaban en absoluto interesadas… hasta les pagábamos para que vinieran y, sin embargo, algunas veces ni siquiera aparecían.  

Nosotros estábamos asombrados de que los locales, en tan fértil valle a la orilla del río, no hubiesen tenido agricultura. Sin embargo, en vez de preguntarles cómo era posible que no cultivasen nada, simplemente dijimos: “Gracias a Dios que estamos aquí”.  

Y por supuesto, todo en África se cultivó hermosamente. Conseguimos unos tomates magníficos. No lo podíamos creer. Nuestro mensaje fue: “Miren qué fácil es la agricultura”.  

Pero entonces, cuando los tomates estaban bonitos, maduros y rojos, de la noche a la mañana, unos 200 hipopótamos aparecieron desde el río y se comieron todo. 

Nosotros nos pusimos a gritar: – Dios mío, ¡los hipopótamos!  
Y los zambianos dijeron: – Sí, por eso no tenemos agricultura aquí.  
Entonces pregunté: – ¿Por qué no lo dijeron?  
Y me respondieron: – Usted nunca preguntó.  

Más allá del mensaje respecto a la importancia de preguntar antes de ayudar (ya que algunos asumen la ignorancia de aquel al que quieren ayudar), la charla incluye otro mensaje, tan importante como el primero, y es el siguiente:  

Segundo: Si las personas no desean ser ayudadas, no insista.  

El respeto por el otro debe ser el primer principio de la ayuda.  

Algunas personas no respetan el derecho de cada persona a elegir en libertad. Creen tener el diagnóstico correcto y la respuesta correcta, siempre. Como ocurrió en el caso indicado antes, acerca de la enseñanza de la agricultura en Zambia.   

Respetar y preguntar. Es bastante simple de decir, no tan simple de aplicar.  

Al respetar al otro y al preguntar, practicamos la humildad. Si entendemos y aceptamos que todos estamos en condiciones de enseñar y también de aprender, podemos llegar a un nivel más elevado de comprensión y, de esa manera, ayudar mejor a quien acepte nuestra ayuda.  

Sirolli, Ernesto. Want to help someone? Shup up and listen! TEDxEQChCh. Septiembre 2012. https://bit.ly/2z1ElTf 

Palabras que emocionan

La comunicación es una de las habilidades directivas críticas.  

Comunicar, comunicamos todos, de distintas maneras. Muchos expertos hablan sobre la comunicación verbal y no verbal, indicando que la última es mucho más importante y abundante. Sin embargo, no todos – a pesar de conocer este dato – se enfocan en expresar de manera precisa el mensaje que emiten, ya sea verbal o no verbal.  

Seguramente habrás escuchado a alguien responder afirmativamente mientras que su cabeza y todo su cuerpo responde negativamente. ¿A cuál de los dos mensajes prestas atención? ¿A cuál le haces caso? 

Comunicar en forma precisa es un arte. Y no siempre es un arte que perfeccionamos. Está lleno de comunicadores profesionales que comunican incorrectamente… precisamente porque creen que haber cursado y aprobado una carrera universitaria y/o de posgrado los ha convertido en profesionales. Pero no… haber aprobado los exámenes es una cosa y ser profesional es otra.  

Conocer los fundamentos de la profesión es una cosa y aplicarlos en forma efectiva es otra. Claramente, es la diferencia entre conocer y saber.  

Alguna vez escuché a Julio Velasco – entrenador de vóley – decir que, si reparte libros sobre vóley a veinte personas, en dos semanas todos estarán hablando de vóley. Pero conocer sobre vóley es una cosa y saber de vóley es otra. Julio ha sido nominado por la FIVB como uno de los mejores entrenadores de la historia.    

Hay personas que creen que se están comunicando simplemente por el hecho de hablar. Sin embargo, vos y yo sabemos que no se están comunicando… solo emiten sonido, que es muy distinto.  

Comunicar con efectividad, comunicar y generar emociones, es un arte. Y es un arte en el que podemos entrenarnos. Así como entrenas en el gimnasio para verte mejor, puedes entrenar la forma como comunicas para generar emociones con tu mensaje. 

Si dices “hablo y hablo, pero el resto no entiende”, o “se lo dije mil veces, pero no escucha”, el problema es tuyo. Si quieres que alguien te escuche y/o te entienda, el desafío es tuyo y solamente tuyo.   

Y ahora que estoy escribiendo sobre comunicación, y a pesar de no tratarse específicamente sobre el tema, la forma como comunica Benjamin Zander – director de orquesta británico – durante su charla TED del año 2008 es maravillosa. 

Su charla comienza hablando acerca de la música clásica, de las emociones que algunos pasajes generan en la gente… por ejemplo al escuchar a Chopin y recordar a un familiar que ya no se encuentra entre nosotros. 

Los veinte minutos de la charla pasan en un momento. Y quizás lo más importante de la charla ocurre cuando relata:  

“Tuve una experiencia increíble. Tenía 45 años. Llevaba 20 años dirigiendo y de golpe tuve una revelación. El director de una orquesta no emite sonido. Mi foto aparece en la tapa del CD pero el director no emite un sonido. Su poder depende de su habilidad para hacer poderosos a otros. Y eso cambió todo para mí. Fue decisivo en mi vida. Los de mi orquesta venían y me decían: Ben, ¿qué pasó? Esto es lo que pasó: descubrí que mi tarea era despertar posibilidades en otros. Y por supuesto, quería saber si lo estaba haciendo. ¿Y saben cómo se descubre? Mirándolos a los ojos. Si sus ojos están brillando, sabes que lo estás logrando. […] Si los ojos brillan, sabes que lo estás logrando. Si los ojos no brillan, hay que hacer una pregunta. Y la pregunta es: ¿Quién estoy siendo, que los ojos de mis músicos no brillan? Podemos hacerlo con nuestros hijos también. ¿Quién estoy siendo, que los ojos de mis hijos no brillan?”  

Yo estoy convencido de que si las palabras emocionan, quien las emite es un excelente comunicador.   

Ver: Zander, Benjamin. The transformative power of classical music. TED2008. Febrero 2008. https://bit.ly/34DSCkT 

¿Qué quiero aprender? ¿Qué necesito aprender?

Es muy evidente, y más ahora – a partir de la cuarentena que estamos atravesando y de los cambios que estamos empezando a ver durante la misma – que el futuro próximo será muy diferente al pasado próximo.  

Si hablamos de trabajo, a pesar de cómo se perfila su transformación y la predicción de muchos futurólogos, el trabajo (nuestro trabajo) no va a desaparecer, pero seguramente se va a modificar y va a cambiar mucho en el corto plazo.   

Antes, cuanto más tiempo llevabas haciendo tu trabajo, mejor eras. Hoy, el cambio es tan rápido, que – si no te actualizas continuamente – quedas en desventaja. Hoy la experiencia perdió valor frente a la actualización.  

Pero nadie está condenado a convertirse en una víctima. Existen soluciones; la decisión de aplicarlas es personal.   

Antes estudiábamos el 100% del tiempo durante el 20% de nuestra vida (durante la infancia, adolescencia y primera juventud). Hoy, debemos estudiar el 20% del tiempo durante el 100% de nuestra vida.   

Hoy, las opciones disponibles para estudiar, aprender y estar actualizados son innumerables. Y no se trata de hacer un curso para tener un nuevo cartón, tomarse una foto y subirla a las redes sociales. Se trata de aprender, que no es lo mismo que aprobar un curso o comprar una certificación.    

Decisiones de desarrollo personal: ¿qué quieres aprender? ¿qué crees que tienes que aprender?  

Decisiones de desarrollo del equipo que lideras: ¿qué habilidades crees que serán necesarias, para el tipo de servicio y el valor que ofrece tu equipo? ¿tienes en tu equipo a las personas adecuadas, es decir, con la motivación para mantenerse actualizados en las habilidades que serán necesarias?  

Bilinkis, Santiago. S08E10 Preparándose para el futuro. Basta de Todo, FM Metro 95.1. Buenos Aires. Diciembre 2019. Duración: 27´41 minutos. https://open.spotify.com/episode/2fdZvpfqvSF3Bfq62ZxHLv 

Fortaleza mental

Esta cuarentena exige fortaleza mental.  

La fortaleza mental es lo que permite mantener a raya la ansiedad, la impaciencia, la intolerancia y el mal humor, natural en momentos de encierro prolongado.  

Ten en cuenta que, si en algún momento tus quejas y tus gritos te sirvieron para resolver las diferencias cotidianas, hoy tienes que asumir una actitud diferente, porque lo único que lograrás con ellas será una respuesta similar, explícita o implícita, que agrave la situación.  

La fortaleza mental te permite enfocar tu energía en aquello que debes hacer, de la forma como debes hacerlo, para mantener la paz mental y la paz ambiental que mereces y que merecen quienes te rodean.  

Y así como tus quejas nunca le importaron a nadie, te darás cuenta que hoy eso aplica más que nunca. Te darás cuenta que tus gritos y tus berrinches hoy no tienen, ni por asomo, el mismo efecto que tenían antes. Porque todos y cada uno de nosotros está haciendo lo que debe hacer, de la mejor manera posible.   

Hoy día, esa fortaleza que no pudiste o no quisiste desarrollar y poner en práctica cuando no era urgente, la tienes que desarrollar y poner en práctica ahora, sin entrenamiento previo. Ahora, si desarrollaste esa capacidad o si estás en proceso de desarrollarla, felicitaciones, porque de ella dependerá tu supervivencia.

El talento nunca es suficiente

Un nuevo juego requiere nuevas habilidades. Sin embargo, no todo el mundo entiende el cambio de juego y las habilidades requeridas para jugarlo bien.  

Un excelente vendedor es promovido y se convierte en un pésimo gerente de ventas; un destacado profesor es ascendido se transforma en un pésimo director de carrera; un diseñador muy talentoso es promovido y termina siendo upésimo director de arte.  

El Principio de Peter.  

Estas situaciones son ejemplos del llamado Principio de Peter, que dice: “en una jerarquía, todo empleado tiende a ascender hasta su nivel de incompetencia”. También es explicado, en ocasiones, como: “las personas que realizan bien su trabajo son promovidas a puestos de mayor responsabilidad, hasta que alcanzan su nivel de incompetencia”. Como muchos sabrán, el Principio de Peter fue reflejado en el libro homónimo, escrito por Laurence Peter y Raymond Hull, publicado en el año 1969.  

Estos eventosnormales y habituales, tienen su causa bien identificadaquienes cambian de posición siguen utilizando las mismas habilidades del rol anterior, como si no hubiese habido un cambio de juego (siguen utilizando las habilidades que los convirtieron en efectivos en el juego anterior).    

La primera dificultad radica en no saber (o no comprender) la existencia de diferentes categoríasniveles o juegosLa segunda, en no saber (o no comprender) que una nueva categoría, nivel o juego puede requerir nuevas y/o diferentes habilidades para ser efectivo en su desempeño.   

Hace algunos años, mi peluquero personal (en la ciudad de Tigre, Argentina), me contó una historia que refleja esta misma condición, en otra industria completamente distinta. Él había sido autodidacta durante sus primeros años de trabajo, hasta que – producto del éxito comercial de su peluquería – decidió hacer un curso de especialización en una academia muy prestigiosa. El primer día de clase, y como parte de la práctica a la que someten a los estudiantes, le sentaron a una “víctima” para que le cortara el cabello. Sin dudarlo un minuto, hizo lo que sabía para lograr un resultado perfecto. La directora de la academia se acercó, y le dijo: “tengo que admitir que usted es un maravilloso cortador de pelo… y aquí lo vamos a convertir en un maravilloso estilista”. Su primera reacción fue de sorpresa, hasta que entendió algo que no había sido evidente: con sus habilidades, él estaba al tope de la categoría “cortador de pelo”, y al fondo de la categoría “estilista”. La existencia de dos categorías diferentes, que requerían habilidades distintas para poder destacar en ellas, se hizo presente. 

Nueva categoría. Nuevo juego. Nuevas habilidades.  

Estos diferentes niveles existen en todas las disciplinas, en todas las jerarquías y organizaciones. Recordemos, por ejemplo, que cuanto más arriba en la jerarquía uno se encuentre, más político se vuelve el juego (mientras que, en las categorías más bajas de cualquier jerarquía, el éxito se mide por la efectividad operativa en la posición).  

Vayamos a un caso que conocemos (casi) todos: el fútbol. En la práctica, existen diferentes categorías. Y las capacidades y habilidades para triunfar en una categoría no nos aseguran el triunfo en otra. El equipo campeón de la segunda categoría que asciende a primera categoría podría modificar su plantel (y hasta la dirección técnica), para ser apto en el nuevo nivel que enfrenta. 

Y eso sucede no solamente en el propio juego de fútbol. También lo encontramos cuando un futbolista se convierte en entrenador. En ese proceso, cambia de juego y de categoría. En ese nuevo juego, para triunfar, requiere nuevas habilidades.  

Julio Velasco es un exitoso entrenador de vóley argentino, reconocido por Pep Guardiola como uno de sus mentores. En una entrevista realizada en el programa “La llave de gol” del canal Fox Sports en mayo de 2017, éste expresó: “¿Por qué tantos buenos jugadores se convierten en pésimos entrenadores? Porque las habilidades de uno y otro rol son diferentes. El juego es distinto; las habilidades requeridas para ser exitoso son diferentes.” 

Veamos algunos casos: en un extremo, Diego Maradona, un excelente jugador que no se ha destacado como entrenador; en el otro extremo, José Mourinho, quien no se destacó como futbolista, pero sí como entrenador. También encontramos ejemplos de muy buenos jugadores que se convirtieron en muy buenos entrenadores: Mauricio Pochettino (entrenador del Tottenham en la Premier League) y Diego Simeone (entrenador del Atlético de Madrid en la Liga Española).  

Continúa Julio Velasco: “Cuando un jugador pasa a ser entrenador, tiene que entender que como jugador él hacía las cosas; como entrenador, él no hace más nada. Todo se reduce a hacer que los otros hagan.” 

Habilidades técnicas y habilidades de juego.  

Tener talento en una disciplina puede llevarnos a cierto nivel de éxito, pero no alcanzar para el siguiente. Al pasar de categoría, de nivel o al iniciar un nuevo juego, podríamos necesitar otras habilidades.  

Velasco explica la diferencia que existe entre las habilidades técnicas y las habilidades de juego. Dice: “¿vieron que hay chicos que son muy habilidosos con el balón, pero ningún equipo los toma para jugar? Lo que sucede es que saben manejar muy bien la pelota (tienen habilidades técnicas), pero no saben jugar al fútbol (no tienen habilidades de juego) 

Las habilidades técnicas pueden permitirles competir en torneos de freestyle football (fútbol estilo libre); la falta de habilidades de juego no les permite formar parte de un equipo de fútbol. El vínculo del jugador en el caso de las habilidades técnicas es solamente con el balón; para jugar al fútbol, el vínculo – además del balón – es con sus compañeros y los rivales, en un espacio definido, con la intención de cumplir una meta muy concreta (distinta de la meta en los torneos de fútbol estilo libre).    

Esto también lo vemos en el caso de muchos emprendedores muy talentosos en lo técnico. Poseen habilidades técnicas sobresalientes, pero no saben llevar adelante su negocio. Es decir, no saben jugar el juego que deben jugar como emprendedores.    

¿Qué significa jugar bien?  

Velasco cuenta que, en una oportunidad, le preguntaron: ¿qué significa jugar bien? Y aunque parezca mentira, no se trata de una pregunta que tenga una respuesta fácil.  

Para muchos, como mencionábamos antes, jugar bien al fútbol significa dominar el balón. Pero hemos visto que eso no es cierto. Dominar el balón es una cosa y jugar al fútbol es algo completamente diferente.  

Para otros, jugar bien significa conseguir resultados. Los resultados que queremos. Ganar. Sin embargo, podemos jugar pésimo y aún así, ganar. Es lo que sucedió en el Mundial de fútbol de Italia 1990, al enfrentarse Argentina y Brasil en octavos de final. Brasil dominó todo el partido y tengo que admitir que la superioridad fue tal que se consideró como un “baile”. Sin embargo, faltando nueve minutos para la finalización del encuentro, Maradona se escapó por el lateral derecho con toda la defensa brasileña detrás suyo, le entregó un pase perfecto – entre las piernas de Galvao – al “pájaro” Caniggia, que eludió al arquero Taffarel y convirtió el uno a cero. Brasil dominó todo el partido jugando en un nivel superlativo, pero ganó Argentina. Jugar bien, entonces, es otra cosa.  

Interpretar. Elaborar. Responder.  

Velasco dice que jugar bien es una secuencia en tres pasos. El primer paso implica interpretar correctamente la situación de juego. Este es el diagnóstico que realiza el jugador sobre lo que sucede. El segundo paso implica elaborar una respuesta, en forma anticipada a su implementación, para esa situación en particular. Y el tercer y último paso, responder, implica aplicar técnicamente lo que hemos elaborado como respuesta. Lo que nosotros vemos, únicamente, es la respuesta técnicamente implementada. Jugar bien significa entonces: interpretar, elaborar, responder. 

Uno de mayo de 2019. En el Camp Nou de la ciudad de Barcelona se enfrentan el local y el Liverpool en la primera semifinal de la Champions League. Al minuto ochenta y uno de juego, tiro libre para el Barcelona. A treinta metros del arco, Messi se para frente al balón. Interpreta la situación de juego, observando – entre otros factores – la distancia al arco, la ubicación de la barrera y del arquero, sus potenciales desplazamientos, etc. Elabora, en su cabeza, una respuesta para esa situación, considerando y recordando miles de ocasiones en las que practicó esa jugada, en situaciones similares, durante los entrenamientos (y en tantos otros partidos). Finalmente, ejecuta el tiro libre de una forma majestuosa. La pelota se eleva por sobre la barrera, y pese al esfuerzo casi sobrehumano del arquero Alisson, el balón ingresa al arco en el ángulo. Golazo. Tres a cero.    

No se queje. Resuelva.  

En el vóley, un atacante precisa que el balón le sea entregado alto y cerca de la red. De esa manera, se incrementa la probabilidad de convertir el punto que desea. En ocasiones, el balón no llega de la forma como pretende. Entonces, el atacante se queja con su colega, el levantador. El levantador se queja con los receptores, pues no recibe el balón de la forma adecuada para poder entregarlo de la manera como pretende recibirlo el atacante. Y los receptores no tienen con quien quejarse, pues reciben el balón del equipo contrario. Quejarse no resuelve nada. Ocuparse resuelve todo.  

Los atacantes se quejan con los levantadores, en el vestuario, en la cafetería, con los colegas, con los amigos y con la familia acerca de la forma como los levantadores le entregan el balón. Pero ellos no trabajan como levantadores. Ellos atacan. En lugar de quejarse, Velasco dice que deben resolver.  

Si el balón es entregado alto y cerca de la red, el atacante interpretará la situación de una manera, elaborará una respuesta para esa situación y procederá a implementarla. Si el balón es entregado bajo y lejos de la red, el atacante interpretará esa situación como diferente a la primera, elaborará una respuesta para esa nueva situación y responderá técnicamente. Ambas situaciones son distintas, se interpretan diferente, se elaboran diferentes respuestas y se implementan distinto.   

Velasco quiere atacantes que resuelvan bien, aquellos balones mal entregados (bajos y lejos de la red). Y que resuelvan perfecto, aquellos balones bien entregados (altos y cerca de la red). 

Situaciones diferentes. Respuestas distintas. La queja, como manifestación de impotencia, es la forma de trabajo de las personas de bajo desempeño. Una persona de alto desempeño, un profesional de alto desempeño, entiende estas diferencias de situación que requieren respuestas distintas. A veces, requieren habilidades diferentes. Un profesional de alto desempeño interpreta, elabora y responde. Sin quejas. Sin excusas.   

Entender y aplicar esto no es fácil. No es apto para personas de bajo desempeño. Es apto únicamente para profesionales.   

Conclusión.  

Un nuevo juego requiere nuevas habilidades. No importa lo efectivos que hayamos sido en nuestro anterior puesto. El éxito de ayer no garantiza el éxito de mañana.  

El desafío en una nueva posición, en un nuevo juego, en una nueva categoría, implica entender qué juego estamos jugando en esa nueva posición, para identificar qué nuevas habilidades necesitamos desarrollar para ser efectivos. Entender qué significa jugar bien, es clave para tener chance de poder ganar.  

El talento puede ser necesario, pero nunca es suficiente.