Conversaciones con personas que nos inspiran. Hoy, Jefferson Perez.

Mis encuentros con Jefferson han sido dos, que he titulado como “Round 1” y “Round 2”. No por haber sido peleas como el box, sino porque han sido dos situaciones muy diferentes.

Round 1

El día 13 de abril tuve la oportunidad de conocer y conversar con Jefferson Perez. Con un moccachino en el Hansel & Gretel del Quicentro de por medio, fue un enorme placer encontrarme con el – probablemente – más grande deportista ecuatoriano de todos los tiempos.

Quienes no vivan en el país o no sean ecuatorianos posiblemente recuerden a los tenistas Andrés Gomez y Nicolás Lapentti, pero lo que diferencia a Jefferson de estos dos grandes deportistas es un pequeño detalle (o dos detalles): con una medalla de oro en los Juegos de Atlanta 1996 y una medalla de plata en los Juegos de Beijing 2008 – ambas en la disciplina de marcha – Jefferson es el único deportista ecuatoriano, en la historia, ganador de medallas olímpicas.

Esperando que se haga la hora del encuentro, de lejos lo veo venir, rodeado de personas que le solicitan autógrafos. Durante el cafecito, también es saludado – pero no interrumpido – por, al menos, diez personas.

No hablamos sobre sus logros, ya que me pareció que hacerle las mismas preguntas que le han hecho cientos de periodistas y curiosos a lo largo de estos 20 años podía ser una pérdida de tiempo. Sí me interesó preguntarle por su actividad actual, en la que – entre otras cosas – presenta charlas en diferentes eventos, públicos y privados, donde habla acerca de sus logros y sus metas, pero también de su lucha y de su esfuerzo. Hablamos sobre su mensaje, sobre la forma como ese mensaje es recibido, sobre lo que – de acuerdo a su particular visión – estima que la gente necesita escuchar en estos momentos. Y eso es, principalmente, “esperanza”.

Me emocionó cuando me contó haber recibido una carta de una chica que lo invitaba a su fiesta de graduación universitaria. ¿Qué decía esa carta? Que ella había quedado embarazada de muy joven, su novio la había abandonado y su familia la echó de la casa. Ella salió a trabajar, tuvo a su bebé e inspirada por la lucha y logro de Jefferson, se prometió estudiar y terminar una carrera universitaria. ¿Cómo no aceptar esa invitación?

Le conté que hace un tiempo tuve la oportunidad de ver un documental producido por Teleamazonas – titulado 1´20´07 (tiempo de su marcha en los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996) – donde se presenta su historia de vida hasta el día de su consagración. Le dije que me había llegado mucho su historia, por todo lo que había atravesado y por lo que había conseguido.

Se trata de un hombre que hoy, a sus 42 años, habiendo cumplido metas deportivas y materiales, tiene metas de tipo espiritual. Y eso es lo que más trabaja en sus presentaciones.

Fue un enorme gusto haberlo conocido y haber compartido un café con este enorme campeón. Nos despedimos con la intención de continuar la conversación en otro momento, ya que volvía a Cuenca – donde vive – en unas pocas horas.

Aquí les dejo el video de los últimos minutos antes de su llegada a la meta en los Juegos de Atlanta 1996. La emoción del relato me eriza la piel, tanto como el relato de Víctor Hugo Morales en el segundo gol de Maradona a los ingleses en el Mundial de 1986.

A partir de hoy, ese viernes 26 de julio de 1996 queda en mi cabeza como ha quedado en la retina, en la memoria y en la historia de todos los ecuatorianos.

Round 2

Como producto de nuestra reunión, le escribo a Jefferson para seguir conversando en su próxima visita a Quito. Su respuesta fue: “mañana – 26 de abril – presento una charla en el Swisshotel en el evento de una empresa…por qué no vienes a verla y me das un feedback de la misma?” ¡Encantado!

¿Qué vi en su charla y qué fue lo que le escribí como feedback de la misma al día siguiente?

Aquí puedes leerlo de la misma forma como si lo estuviese leyendo él mismo:

“Estimado Jefferson, 

La charla tiene todos los elementos necesarios para emocionar, inspirar y generar movimiento en quienes te escuchan. Por un lado, el contenido: claro y preciso; por el otro, la forma: incluyente, por la participación de los asistentes (no solo en cuanto a las preguntas que haces, sino a cómo los involucras físicamente). Finalmente, la emoción: las historias conmueven. Y las que cuentas, algunas de ellas te tienen como protagonista, seguramente generan la intención de – al otro día – iniciar alguna actividad y/o proyecto.

Resultado: muy positivo, altamente recomendable.

Áreas de mejora: estética de la presentación. Sin ser diseñador gráfico – pero habiéndome relacionado con cientos (quizás miles) de ellos a lo largo de los últimos doce años – puedo decirte que hay una enorme oportunidad de mejorar gráficamente la presentación. Unos pequeños cambios pueden hacer una enorme diferencia (así como lo explica el “principio de la palanca”: un pequeño esfuerzo, bien enfocado, genera un enorme cambio).

Por último: seguramente, como me ha pasado a mí, tus charlas han ido cambiando con el correr del tiempo y se han ido perfeccionando. Hoy eres mejor speaker que ayer, pero no tan bueno como lo serás mañana. Tú y tus charlas tienen todos los condimentos para seguir mejorando. ¿Cómo? No tengo la ecuación. Pero sí sé que, en la medida en que sigas adelante enfocado en tus metas espirituales, encontrarás formas de hacerlas más efectivas.

Durante la charla mencionaste tu Fundación… quizás más adelante – y solo te lo planteo como una idea que viene a mi cabeza en este momento – aparezca como intención el multiplicar ese tipo de iniciativas, para que no seas solo tú y tu Fundación quienes se ocupen de los temas que trabajan, sino que multipliquen los esfuerzos para que, a través de estos nuevos actores (10, 100, 1.000), los resultados lleguen a 100, 1.000, 10.000 o 100.000 beneficiarios.        

Tus últimas palabras, acerca de cambiar el país desde el rol que tiene cada uno, es más que importante. Habitualmente la gente cree no tener poder para hacer las cosas que quiere hacer, ni para cambiar lo que quiere cambiar. Con que solamente uno de los asistentes de ayer se convierta en multiplicador de esas intenciones, claramente esa meta se irá traduciendo en acciones concretas. Y esas acciones, naturalmente, en cambios. 

Ayer no tenía cómo brindar por ello, pero hoy – aunque sea con mi mate en la mano – celebro tus palabras y tus proyectos.”

Muy pronto habrá más rounds en los que seguiremos conversando sobre sus proyectos y los míos, y sobre la forma de involucrar y comprometer a más personas en el cambio que cada una de ellas desea lograr.

Será hasta la próxima…