Lo que “es”, lo que “debería ser” y lo que “quiero que sea”, son tres cosas distintas y a veces se confunden. Mejor dicho, las confundimos, debido a nuestra energía y a nuestra pasión, sobre todo cuando no nos detenemos a pensar en la diferencia entre esos tres conceptos.

Muchos de los problemas que vemos derivan de la brecha entre lo que “es” y lo que “quiero que sea”, y no entre lo que “es” y lo que “debería ser”.

Pero: ¿qué es lo que “debería ser”?

Lo que “debería ser” es siempre una opinión, producto del criterio profesional de quien lo plantea. Y debido a los diferentes criterios, debido a que todos somos distintos, producto de habernos formado en distintas disciplinas, haber leído a distintos referentes, o de vivir en contextos diferentes, emergen diversas opiniones, diferencias y – muchas veces – conflictos.

No hay mayor inconveniente en el conflicto de ideas. Hasta es deseable que ocurra. El problema es el conflicto entre personas, producto de sus ideas (sus opiniones o criterios profesionales).

[…] cuando nos identificamos con nuestras creencias, no nos queda más remedio que defenderlas porque, en tal caso, experimentamos el ataque a nuestras creencias como una agresión personal. En tal caso, las opiniones tienden a ser experimentadas como “verdades”, aunque solo sean creencias sostenidas por usted y su entorno. David Bohm, Sobre el diálogo.

Ese conflicto, que en la mayoría de las ocasiones es producto de una lucha por tener razón, es el origen de mayores diferencias cuando es destructivo (conflicto destructivo), donde la desacreditación, la descalificación o directamente el insulto es la herramienta utilizada para ganar la discusión imponiendo la opinión.

Ese mismo conflicto puede derivar en un valioso emergente cuando es constructivo (conflicto constructivo), y a través del aporte de las distintas visiones, se arriba a un mejor resultado que la imposición de quien pelea por tener razón, o de quien puede imponer ese resultado como producto de su autoridad o poder.

Si compartimos nuestras opiniones sin hostilidad seremos capaces de pensar juntos, algo imposible, por otra parte, cuando nos limitamos a defender nuestras opiniones. David Bohm, Sobre el diálogo.

¿Cuáles, entonces, serán los condimentos necesarios para ese mejor resultado, producto del aporte de distintas visiones que generen un conflicto constructivo?

La confianza y el respeto mutuo.

Como persona responsable de tu equipo de trabajo: ¿generas las condiciones  y el ambiente para que florezca y domine la confianza y el respeto por sobre la ignorancia, la ambición y la hipocresía?

Como responsable de tu equipo de trabajo: ¿eres líder e inspiras o eres jefe y ordenas?

Algunas personas inspiran, otras ordenan. Algunas promueven el respeto y la confianza entre su gente, otras maltratan a su gente.

Quienes inspiran, “casualmente” encuentran a quienes desean ser liderados y formar parte de un equipo. Quienes ordenan – y a veces hasta maltratan – “casualmente” encuentran a aquellos que, con su forma de actuar, justifican su forma de dirigir. Esto también ocurre – “casualmente” – con el tipo de cliente con el cual debemos lidiar.

¿Dios los cría y ellos se juntan?

Es una forma de verlo.

El cambio está en nosotros, no en el resto.

El resto, hace lo que puede y trabaja con quien atrae.

Son solo reflexiones de una mañana invernal, nada más que eso.