La juventud, así como la vejez, es un estado de mente.

A nuestro alrededor encontramos personas de la tercera edad, llenos de energía y juventud. Son personas con proyectos, con ganas de hacer cosas con su vida y con su tiempo.

También a nuestro alrededor encontramos adolescentes categorizados como los “ni – ni” (ni trabajan ni estudian). Son personas sin proyectos, sin ganas de hacer cosas con su vida y con su tiempo.

Cuando somos más jóvenes, cuando tenemos toda la vida por delante, pensamos que tenemos mucho tiempo. Sin embargo, con el correr de los años nos damos cuenta que los días pueden ser interminables, mientras que los años pasan demasiado rápido.

Sin proyectos, las personas envejecen. La clave para mantenernos jóvenes es tener proyectos y comenzamos a envejecer cuando dejamos de tenerlos.

Las organizaciones se mantienen “jóvenes” cuando crean, desarrollan y/o mantienen espíritu emprendedor. El espíritu emprendedor se incorpora con la contratación y desarrollo de personas que desafían el estatus quo de la organización. Personas que, por ejemplo, preguntan: “¿por qué las cosas se hacen siempre de la misma manera?”, “¿por qué no las podemos hacer de forma distinta, agregando valor?

Las empresas sin espíritu emprendedor envejecen.

Un síntoma concreto del envejecimiento organizacional es observar y sufrir, sin capacidad de reacción, la forma como tus competidores se quedan con tu negocio. ¿Ejemplos recientes de ellos? Kodak (desplazado por Instagram) y Blockbuster (desplazado por Netflix).

¿Por qué no se toman decisiones para evitar esto? Porque quienes tienen el poder para hacerlo están comprometidos – personal y económicamente – con el modelo anterior, ya obsoleto.

Las personas pueden mantenerse jóvenes, siempre, en la medida en que tengan proyectos. ¿Proyectos de qué tipo? De todo tipo… que sean valiosos, por supuesto. Tener metas en este tipo de proyectos puede ayudar…pero no es absolutamente necesario. Estos proyectos, valiosos para nosotros, serán los espacios personales en los que utilizaremos nuestros recursos (tiempo, dinero, energía). Las actividades que realizamos, por ejemplo, sin buscar una recompensa económica, son proyectos importantes para nosotros. Ejemplos: aprender una nueva disciplina, ayudar a otros a lograr algo, estudiar una nueva carrera universitaria.

Este tipo de proyectos son una forma de ocupar nuestra vida; un proyecto importante para nosotros. En algunos de ellos, seremos valiosos para alguien sin pedir nada a cambio. La iniciativa “Soy Quito”, de Sarah Garcés, es una muestra de ello.

Otro aspecto importante es la del control. Tenemos que tener proyectos, valiosos para nosotros, sobre los que tengamos control. Por ejemplo: que mis hijos tengan hijos, para convertirme en abuelo/a no es un proyecto sobre el que tenga control (salvo que controle a mis hijos a través de la manipulación, para alcanzar mi objetivo: convertirme en abuelo/a por intermedio de mis hijos).

¿Cuál es el rol del dinero en todo esto?

Hay personas que, de alguna forma inesperada, reciben una enorme cantidad de dinero. Muchas de ellas, deciden seguir trabajando. Si la decisión es producto del amor por lo que hacen, seguirán manteniéndose jóvenes.

¿Qué harías si el dinero no fuese un problema?

¿Estás trabajando en aquello que harías si tuvieses todo el dinero necesario para tu tranquilidad? ¿Qué harías si el dinero no fuera un problema? Si lo que harías es diferente a lo que estás haciendo… ¿qué te impide comenzar un proceso de transición hacia lo que verdaderamente quieres hacer?

Cuando hacemos las cosas por otros, es cuando más gratificación sentimos. Pero tiene que tener sentido, no tienes que ser obligado. Por ello las empresas sin propósito tienen trabajadores que acuden todos los días, únicamente, a cambio de un salario. Las empresas con propósito tienen líderes, gente comprometida con la misión de la empresa y con la suya misma.

Acerca de la seguridad

Acerca de la necesidad de seguridad, propia y de tus hijos: cuando le sugieres a tus hijos que tomen un trabajo “por su seguridad”, por el hecho de que estará “seguro toda su vida”, lo estás condenando a muerte en vida, producto de tu inseguridad. Detrás de tu sugerencia, quieres que no sufran, no que sean felices.

Por ejemplo: si uno de tus hijos quiere ser artista, podrías enfrentarlo y preguntarle “de qué va a vivir”. Y él no lo sabe, pero tú tampoco. Él no lo sabe porque todavía no comenzó su proyecto, y tú tampoco porque no te has dedicado a ello. Un trabajo seguro (como por ejemplo los funcionarios municipales, de quienes todo el mundo dice que “calientan el puesto hasta la jubilación”) es una condena a muerte en vida.

¿Qué sucede con los países?

Nuestros países (Latinoamérica) fabrican pobres y los mantienen allí, con planes y proyectos para – aparentemente – sacarlos de la pobreza.

Latinoamérica es, económicamente hablando, la región más desigual del mundo. Puede ser que, en términos de distribución poblacional, LA tenga una enorme cantidad de habitantes “jóvenes”. Esto no significa que nuestros países tengan un estado de mente juvenil (y menos, emprendedor).

Conclusión

Mantente eternamente, diseñando e involucrándote en proyectos valiosos para ti.