Trabajar en lo que me gusta no es una oportunidad de negocio, es un deseo. Hacer una película, trabajar en una agencia de publicidad, iniciar un proyecto de diseño sustentable, no son oportunidades de negocio. Son ideas, proyectos, intenciones, deseos, pero no representan ni explican una oportunidad.

Cuando pensamos en oportunidades, proyectamos una idea de éxito. Ese éxito es una medida personal, en la que imaginamos un futuro positivo.

Pero cuando hablamos de oportunidades de negocio, el éxito se plantea – principalmente – en términos económicos (ganar dinero). El fracaso también se plantea desde lo económico (aunque podamos disfrazar los fracasos económicos como “ganancias de experiencia”).

Para identificar una oportunidad, tenemos que observar qué es lo que un cliente está dispuesto a pagar y por qué. Esto que parece tan simple, no lo es tanto, principalmente cuando nos centramos en lo que hacemos, en lugar de prestar atención a, entre otras cosas, los problemas que resolvemos para aquellos dispuestos a pagar por esa solución.

¿Qué es lo que vendo, qué problemas atiendo, quién es mi cliente, qué compra ese cliente y cuál es el valor de mi propuesta? Son preguntas que deberías trabajar para identificar espacios o ventanas de oportunidad.