Cualquier persona ajena al diseño (como lo fue en mi caso) podría notar rápidamente que – en cada discusión donde se traten los problemas  del sector – la solución propuesta es la formación de gremios, asociaciones y colegios profesionales. Es extraño entonces que, a pesar de existir esas agrupaciones, nada cambia, los problemas siguen siendo los mismos y nada se resuelve.   

Nadie tiene la menor duda que cuando la gente se reúne y se organiza, puede lograr grandes cosas. Aún los problemas más complejos pueden tener solución cuando existe la buena voluntad y la buena fe de gente que se reúne, conversa, se organiza y trabaja en función del bienestar general.

Los diseñadores son especialistas en proponer la constitución de agrupaciones que, de acuerdo a lo mencionado, deberían ser capaces de resolver los problemas que agobian al sector. ¿Qué tipo de problemas se mencionan? Generalmente, problemas con los clientes, desconocimiento sobre precios de servicios, incumplimientos de los clientes, se enumeran situaciones donde reina la competencia desleal, etc.

¿En algún lugar se han resuelto estos problemas? Hasta donde conozco, la respuesta es negativa.

¿Esto significa que las asociaciones o agrupaciones de diseñadores no sirven? No, nada más alejado de la realidad.

Estas agrupaciones son muy importantes, pero no tienen la capacidad para responder ante estas dificultades. Tengamos en cuenta que: primero, las dificultades mencionadas no conforman un problema (debido a que no se tiene control sobre las variables que lo determinan); segundo, ante la falta de respuesta o solución frente a estos inconvenientes, mucha gente pierde el entusiasmo en participar; tercero, llevar adelante estas agrupaciones requiere las mismas habilidades necesarias para dirigir un estudio o empresa: gestión.

Entonces: ¿Para qué formar y mantener estas agrupaciones?

Primero, para intentar – como grupo – llegar a las asociaciones, cámaras y agrupaciones empresariales, comerciales y hasta gubernamentales de sus áreas geográficas de influencia, y así trabajar en la comunicación del tipo de problemas que pueden resolver para incrementar la competitividad de las empresas allí radicadas.

Segundo, para comprender el tipo de servicio que prestan los participantes y tomar decisiones, ya sea de especialización en servicios que no se proveen o de cooperación entre estudios que pueden trabajar en proyectos complejos para otros clientes.

Tercero, para salir a conocer otros potenciales clientes en otras regiones, aprovechando la experiencia lograda en su propia región.

Cuarto, para ofrecer servicios a sus asociados, que individualmente serían difíciles de gestionar. Por ejemplo, capacitaciones.

Pero volvamos al factor más importante, que puede convertirse en la barrera para que estas asociaciones funcionen: la gestión.

Si solo un grupo pequeño de diseñadores se ocupa de la gestión de la asociación, para beneficio de un grupo más grande, el grupo dirigente debe dedicar tiempo y esfuerzo. Y cada participante debe cumplir un rol, lo que no siempre sucede. A veces porque el esfuerzo no redunda en beneficios, y otras, porque aparece el comportamiento oportunista (tratar de beneficiarse personalmente a partir del trabajo del resto).

Llevar adelante una asociación de diseñadores es difícil pero no imposible. Para funcionar, debe plantearse un propósito muy valioso, una o dos metas, unos pocos objetivos, y establecer grupos de trabajo para conseguir esos objetivos, con roles definidos. Los primeros que deben beneficiarse del trabajo deben ser los asociados y quienes no aporten deberían dejar sus puestos. Contrariamente a lo que pueden opinar los participantes, la horizontalidad no funciona en estos casos, por ello hay que establecer roles (mediante una jerarquía), para separar y coordinar el trabajo efectivamente.

Esto puede ser muy difícil por la tendencia del diseñador a trabajar individualmente o en grupos muy reducidos, donde el control reside en su propia persona o en su más próximo entorno.

Contratar una persona con fondos aportados por los asociados para gestionar las actividades de la asociación puede llegar a ser una muy buena decisión.