¿Qué hora es?

3.23 am

Solamente dormí tres horas.

Estoy engripado desde antes de ayer, y ayer, ya sintiéndome mejor, abandoné el reposo que habitualmente hago en estos casos, para escribir más cómodo, sentado en mi escritorio.

Quise que el día fuese como cualquier otro. Pero no era un día como cualquier otro. Y creer una cosa, cuando es otra, se termina pagando. No siempre sabemos cuál es el precio a pagar, pero al final terminando pagando.

El peor precio es el que se paga en salud.

6.01 am

Decido intentar dormir, y trato…durante 30 minutos, hasta que me doy cuenta qué es lo que ocupa mi cabeza y no me permite descansar.

Me siento abrumado con una serie de ideas… por un momento creo que son sueños recurrentes, como he tenido en muchas oportunidades, que no me permiten dormir.

6.24 am

Definitivamente no voy a poder dormir. En estos casos, mejor me ocupo de lo que me mantiene inquieto para eliminarlo de mis preocupaciones, y ver qué sucede luego.

Espero terminar con esto y poder descansar, reponerme, y cumplir con mis obligaciones del día. Odiaría tener que reprogramar las reuniones que tengo agendadas con clientes por esta gripe.

6.41 am

¿Qué es lo que me tiene pensando? ¿Qué ideas vienen dando vueltas en mi cabeza desde ayer, y no me permiten descansar?

Descubrimiento de patrones

Principalmente, el descubrimiento del patrón existente detrás de mi trabajo. Aquello que conforma mi paradigma de trabajo, tan difícil de descubrir en uno mismo, tan fácil de identificar en otros.

Hace un tiempo leí una frase que me impactó. La he publicado en varias oportunidades, con el convencimiento de que allí había algo importante para analizar y descubrir.

Cada frase que publico es una suerte de recordatorio personal para estar atento a lo importante, y no a lo urgente. Y esta frase es, quizás, una de las más importantes que haya leído, porque – como mencioné unos renglones arriba – me ha permitido identificar desde qué lugar escribo lo que escribo, desde qué lugar trabajo como trabajo.

La cita, de Mark Twain, dice: “Lo que nos crea problemas no es lo que no sabemos, sino lo que sabemos con certeza y no es así”.

Cuando sabemos algo con certeza, independientemente de donde lo hayamos obtenido, actuamos. Quizás no se trata de la absoluta verdad sobre un tema, sino de nuestras creencias sobre ese tema. Y en base a esas creencias, actuamos. Ese actuar genera un hábito. Ese hábito, genera resultados.

¿Qué sucede cuando no obtenemos los resultados que deseamos?

¿En algún momento evaluamos las metas implícitas que nos hemos propuesto, las acciones que hemos desarrollado – a partir de nuestros hábitos y creencias – para ponerlos a prueba y, quizás, modificarlos?

Quizás, querido lector, lo has hecho. Quizás, es algo que haces todo el tiempo. Si es así en tu caso, todo esto que relato debe ser, como mínimo, una obviedad para ti.

Para mí no lo es. O por lo menos no lo había sido hasta ahora.

Justamente anoche, estuve viendo un documental de Tony Robbins – recientemente habilitado en Netflix – titulado “I am not your guru”. Y una de las frases que siempre repite es “la vida cambia en un momento”.

Para mí, uno de esos momentos está aconteciendo ahora mismo.

¿Qué es lo que está cambiando?

La forma de ver mi trabajo, al comprender el patrón subyacente a mi pensar, escribir y actuar.

Mi proceso de trabajo se basa en la identificación de lo que creemos que es cierto, y no es así.

¿Y cómo nos damos cuenta qué es lo que no es así?

Te diría que ahí está el verdadero proceso de trabajo. En el descubrimiento de aquellas creencias que han dado origen a nuestros estándares, a nuestros hábitos, que nos hacen actuar de una manera que nos permite (o no) conseguir lo que queremos.

Lo que es, lo que debería ser y lo que quiero que sea

Hace varios años sigo a uno de los llamados “gurúes del management”. He leído casi todos sus libros, y su enfoque me parece mucho más interesante que el interpretado, analizado y explicado por otros autores.

Su nombre es Ichak Adizes, y es un consultor israelí-norteamericano.

En uno de sus libros, titulado “Mastering change”, Adizes plantea la idea de situar el origen de muchos conflictos en la diferente interpretación de los hechos en los cuales se basa la opinión de quienes discuten.

Hay conflicto cuando una persona presenta argumentos desde lo que ella cree que “es” (independientemente de lo que “es”, a partir del diagnóstico que esa persona haya realizado), mientras la otra persona presenta argumentos desde lo que “debería ser”. Lo mismo sucede cuando se presentan argumentos desde la posición de “quiero que sea”.

Los conflictos se generan, entonces, por las diferentes posiciones. Puede ser que las personas no estén de acuerdo en lo que “es”, en lo que “debería ser”, y/o en lo que “querrían que fuese”.

Por ello, una forma de identificar el origen del conflicto es hacer evidente desde qué posición cada una de estas personas argumenta.

De lo contrario, como he planteado en un artículo[1], la discusión es inútil.

Las claves de la vida: correr y leer

En lo que, aparentemente, es una ceremonia de premiación que no llego a identificar dónde y cuándo fue, Will Smith le dice a la audiencia[2]:

[…] la clave de la vida es correr y leer. […] ¿Por qué correr? Cuando corres, estás ahí afuera y hay una personita que te habla. Una personita que te dice: “Oh, estoy cansado, mis pulmones están por explotar. Estoy dolorido. Estoy cansado, no hay forma de que pueda continuar.” Y quieres renunciar, ¿no es cierto? Si aprendes a derrotar a esa persona cuando corres, aprenderás a no renunciar cuando las cosas se pongan difíciles en la vida. […] La segunda clave de la vida es leer. La razón por la que leer es importante: han existido millones de personas antes que nosotros. No hay ningún problema nuevo que puedas tener. […] No hay ningún problema nuevo que puedas tener, que alguien no haya resuelto, y haya escrito sobre eso en un libro. Entonces, las claves de la vida son correr y leer.

Entonces, si enfrentamos una situación de una determinada manera, y no conseguimos los resultados que deseamos, una forma de evaluar qué sucede es buscar qué es lo que otros han hecho, cómo lo han hecho, y de esa manera, evaluar nuestras creencias y hábitos.

En un artículo titulado “La fórmula del éxito”[3], Aaron Benitez dice:

“El asunto es sencillo: hay modelos y rutas para prácticamente cualquier resultado que queramos tener al final de nuestras vidas. Si quiero ser un tipo ilustre, hay montones de biografías de tipos ilustres disponibles. Si quiero ser un tipo millonario, hay montones de casos de éxito disponibles. Si quiero ser un líder impresionante, hay montones de estudios al respecto. También hay fórmulas para tener empresas globales y duraderas. Es sólo que somos necios y no queremos hacer caso y terminamos con nuestro mismo negocio haciendo las cosas de la misma manera durante veinte años.”

Todo se puede aprender. Tenemos a nuestra disposición el material que deseemos, sobre el tema que queramos consultar y resolver.

La dificultad radica en que no sabemos que lo que sabemos con certeza no es así.

Porque si lo que sabemos con certeza fuese cierto, estaríamos obteniendo los resultados que estamos buscando.

Si no hacemos lo que hay que hacer, no vamos a conseguir lo que queremos obtener.

El problema es “lo que hay que hacer”. Si creo que “hacer lo que hay que hacer” es cierto, pero no es así, no conseguiremos resultados.

Si todos aplicáramos un proceso iterativo de probar continuamente aquello en lo que creemos cierto, para saber si realmente es así, todos estaríamos obteniendo los resultados que queremos.

El factor limitante es aquello en lo que creemos cierto y no lo es.

Aquí puede ser importante el rol de un coach. Porque, a través de preguntas, orienta a su cliente a identificar la perspectiva desde la cual toma decisiones y actúa. A través de su trabajo, orienta a su cliente a descubrir qué es lo que da por sentado, a descubrir qué es lo que sabe con certeza, que quizás, no sea cierto, porque no está dando resultados. Probablemente, lleguen a la conclusión de que algunas cosas que sabemos con certeza, no son así.

Las excusas o las justificaciones racionales representan, en muchas ocasiones, lo que creemos que es cierto, aunque no lo sea.

Por ejemplo: una persona que consulta al médico, por estar excedida de peso. La persona puede justificar que no está “tan” excedida de peso, a pesar del dato – objetivo – de su índice de masa corporal. El médico conoce el camino al futuro del paciente. Si no cambia sus hábitos, seguirán otras dificultades y con el tiempo, aparecerán mayores problemas de salud. El paciente reconoce esto, pero no realiza ningún cambio de hábito. Y justifica el no cambiar de diversas maneras, muchas de ellas, disfrazadas de racionalidad. Lo cierto es que, sin cambio de hábitos no habrá reducción de peso, y sin ello, no habrá una mejora en la salud del paciente. El paciente sabe que hay casos en que el sobrepeso no es mortal; el paciente conoce casos de gente que ha vivido hasta los ochenta y noventa años con ese mismo sobrepeso…y de esa forma, justifica lo que sabe con certeza (que probablemente no padezca las dificultades que el médico pronostica), a pesar de que no es así (sí las padecerá).

Vemos con mucha claridad estos ejemplos en otros, pero ¿con qué claridad los vemos en nosotros?

En mi caso, me resulta muy difícil identificar esto. Por ello, me urge comenzar a identificar mis propios comportamientos, mis propios hábitos, mis propias creencias, para saber qué es lo que creo con certeza y no es así.

No se trata de descubrir la verdad, porque – y aquí es donde aparece una de mis creencias más básicas – creo que la verdad absoluta no existe. Pero si pudiese identificar qué conocimientos y creencias subyacen a mi actuar, podría evaluar qué y por qué hago lo que hago, buscar cómo es que otros han trabajado esas situaciones, perfeccionar este proceso y conseguir los resultados que deseo.

Volviendo al principio

Mencioné al principio que había identificado el paradigma desde el cual trabajo con mis clientes. Es el mismo paradigma que utilizo para escribir.

Identificar por qué mis clientes toman las decisiones que toman, cuáles son las creencias a partir de las cuales desarrollan ciertos hábitos, aplicados a la actividad empresarial de cada uno.

Por ejemplo: he trabajado con muchos diseñadores gráficos emprendedores. Y una gran mayoría de las decisiones de negocio que toman, se fundamentan en creencias erróneas. ¿Por qué creen en eso? Porque creen que es cierto, porque creen que así son las cosas.

El ejemplo más claro y recurrente es la creencia en que tener un título universitario en diseño gráfico, habilita a no permitirle al cliente opinar acerca del trabajo que le encarga al diseñador, porque él no sabe de diseño. En algún punto en la carrera, se genera y fortalece el paradigma a partir del cual el cliente no debe opinar. Y a pesar de la evidencia en contrario, fundamentada en que el diseñador no sabe de negocios, no sabe sobre el negocio de su cliente, ni sobre el cliente de su cliente, sobre su entorno, sobre la competencia, sino que únicamente sabe sobre diseño (porque tampoco pregunta sobre estos temas al cliente), el paradigma no cambia.

Los diseñadores actúan como si el cliente no tuviese derecho a opinar sobre su trabajo (el trabajo que ellos encargan y pagan), y así les va. Los diseñadores no toman conceptos de negocios para llevar adelante sus estudios y despachos, y así les va.

El paradigma es tan fuerte, y los espacios para evaluar si ese paradigma sigue siendo válido son tan escasos, que no hay casi posibilidad de cambio. Saben con certeza algo que hoy, simplemente, no es cierto.

La suerte y la buena suerte

Si tener suerte no depende de uno, pero tener buena suerte sí, y trabajar para crear buena suerte significa trabajar en crear las condiciones para obtener buena suerte[4], entonces “identificar qué es lo que creemos que es cierto y no es así” es una condición fundamental para lograr la transformación que deseamos.

Utilicemos las preguntas habituales de Tony Robbins:

¿Cuál es tu estándar? El nivel que has obtenido.
¿Cuáles son tus hábitos? Los comportamientos que te han llevado a conseguir los resultados de tu estándar.
¿Quieres, necesitas otros resultados? Eleva tus estándares, modifica tus hábitos.

En el camino, identifica aquello en lo que crees que sabes que es cierto, y que puesto a prueba quizás no lo sea.

¿Qué hora es?

8.06 am

Creo que, a esta altura, ya no podré dormir de nuevo. En fin… a trabajar.

 

[1] http://fernandodelvecchio.com/lo-inutil-de-la-discusion/
[2] https://www.youtube.com/watch?v=4ME0TZXuAi4
[3] http://www.aaronbenitez.com/la-formula-del-exito/
[4] “La buena suerte”, de Alex Rovira.