Hay personas que se quejan por todo. Cada situación en la que se involucran representa un problema para que el que tienen una queja, y habitualmente, nunca una solución.

La cultura de las excusas está muy presente el Latinoamérica. No digo que no lo esté en otras latitudes, porque lo que conozco es Latinoamérica. Quizás también la encontramos en Europa, en Asia o en Oceanía… si es así, esto sirve también allí.

La queja es una manifestación de impotencia. La queja es una conducta aprendida. Es un hábito, y como tal, puede desactivarse y modificarse, para utilizar otro que sea efectivo en cuanto a los resultados deseados.

Cuando las personas cometen errores, pueden aprender del error y resolverlo. También pueden quejarse y excusarse por el resultado que ellos han generado, a partir del insumo que recibieron antes, de alguien.

Esto es agotador para quien tiene que escuchar esas excusas. Además, cuando no controlamos el insumo con lo que tenemos que trabajar, quejarse es inútil.

Al referirse a la cultura de las excusas, Julio Velasco – entrenador de la selección argentina de vóley – dice lo siguiente:

Durante el transcurso de un partido “el atacante pega afuera porque la pelota está mal armada. Entonces le reclama al armador, diciéndole que quiere la pelota más alto y más cerca de la red.”

“El armador gira y, como éste es un juego de equipo, reclama a los receptores que reciban y le pasen la pelota en forma precisa en el lugar donde él la espera: exactamente encima de su cabeza. Porque si el armador no recibe la pelota en ese preciso lugar, no puede armar la pelota para que el atacante la reciba bien alto y bien cerca de la red. El armador dice: el atacante la tira afuera porque yo no se la doy como él quiere, y eso sucede porque ustedes reciben mal.”

“En ese momento, los receptores giran para ver en quiénes pueden descargar la culpa…pero no hay nadie a quien culpar. Los receptores reciben el saque adversario. Por consiguiente, no pueden decirle al rival que saque despacio, para que ellos puedan recibir bien.”

Esto hay que resolverlo. Y continúa:

“Los atacantes no hablan del armado, sino que lo resuelven. No juzgan el armado; lo resuelven.”

“Si no cortamos esto, los atacantes hablan del armado y no del ataque. Se convierten en expertos del armado, hablan del armado en el bar, en el vestuario, en todos lados. Pero el problema es que ellos atacan, no arman.”

Y finaliza diciendo: “Yo quiero atacantes que peguen bien, pelotas mal armadas. Para que luego puedan pegar excelente a las pelotas bien armadas. Entonces, no hablemos. Resolvamos.”

“Si la realidad es como es y no como yo quiero que sea, entonces cuando reciba una pelota mal armada, resuelvo bien ese tipo de situación. No resuelvo una pelota mal armada de la forma como resolvería una pelota bien armada. Porque si así lo hiciera, no sería un buen jugador. Resuelvo la pelota mal armada como debo hacerlo, y resuelvo una pelota bien armada como debo hacerlo… y ambas formas son distintas.”

Interpretar la situación que juego, elaborar una respuesta para esa situación y luego responder bien, técnicamente, es lo que representa el “jugar bien”.

Esto aplica a todas las circunstancias de la vida.

Interpretar la situación, elaborar una respuesta para esa situación y responder correctamente, es lo que identifica a un buen jugador, a un buen profesional, a un buen ciudadano.

Dado que la realidad habitualmente difiere de cómo queremos que sea, y dado que por lo general nos encontramos con personas y profesionales que “juagan mal” – es decir, que responden incorrectamente a lo que se les requiere – lo más fácil es quejarse.

La queja no sirve, la queja es inútil, la queja es comportamiento de bajo desempeño. Y si tu comportamiento manifiesta bajo desempeño, no puedes decir que eres una persona de alto desempeño.

Cuando cambiamos la queja por la acción, modificamos nuestro enfoque. Cambiamos la sensación de impotencia en capacidad de resolver mediante la toma de control de la situación. Convertimos aquello que no controlamos en control. Y al convertirlo en control, podemos actuar. Dejamos de lado la creencia en impotencia para empoderarnos.

No te quejes; resuelve.

Quejarse es fácil; resolver es difícil.

Por eso, resolver es para profesionales.