“Lo que nos da más miedo hacer es lo que más necesitamos hacer”.

Todos tenemos miedo.

El miedo, así como la sensación de impotencia, es un limitante para trabajar en una nueva versión de nosotros mismos, y transformarnos en aquello en lo que nos queremos convertir.

¿Y si analizamos qué es ese miedo, para poder salir de estado de parálisis que no nos permite hacer lo que necesitamos hacer?

Tememos las consecuencias del hacer, no el hacer en sí mismo.

Tememos el rechazo, el fracaso, hacer el ridículo… ¿qué más?

Una historia

Conozco a una persona que tenía miedo de hablar frente al público. Prefería morir a tener que hablar frente a una audiencia.

Hoy disfruta haciéndolo…y cuanta más gente haya en la audiencia, más lo disfruta.

Ha superado ese temor, al darse cuenta qué era lo que temía y al enfrentar las improbables consecuencias de su temor.

Su temor era solo una fantasía. Una idea, que no le permitía hacer lo que tenía que hacer, para alcanzar lo que deseaba lograr.

El hablar en público era solo un medio para lograr otra cosa.

Y al analizar su temor de hablar en público, pudo enfrentarlo y darse cuenta que su temor era solo una ilusión.

Empecemos desde el comienzo:

En el año 1998, esta persona fue despedida de su trabajo. Después de dos años de problemas laborales, entendió que esa versión de sí mismo había caducado. Necesitaba crear una nueva versión personal, para convertirse en aquello que quería ser: consultor de empresas.

¿Qué fue lo primero que hizo?

Fue a ver a un profesor de su universidad, para que aceptara la tutoría de su tesis de grado. Después de una larga conversación, este profesor no solo aceptó ser su tutor de tesis, sino también le ofreció incorporarse a su cátedra como docente. En ese momento, después de aceptar la propuesta, se dio cuenta de que, si quería transformar su anterior versión en una nueva, debía enfrentar el temor de hablar en público.

¿Por qué, a pesar del miedo, dio ese primer paso?

Porque su urgencia para iniciar el proceso de cambio hacia esa nueva versión de sí mismo era mucho más importante que el temor en sí.

¿Cómo es que, a pesar de ese miedo, pudo hablar en público?

Pudo identificar cuál era el miedo en sí. El miedo no era hablar en público, sino hacer el ridículo.

Cuando identificó su verdadero temor, pudo hablar en público, presentando una clase bien preparada.

Rápidamente se dio cuenta que, frente a una presentación bien estudiada, la probabilidad de hacer el ridículo era baja.

¿Cuál fue el detonante que lo llevó a dar el primer paso?

Saber que su versión actual (en ese momento) había caducado y que necesitaba convertirse en otra cosa, trabajando en desarrollar una nueva versión de sí mismo.

¿Cuál fue su evaluación después de esa primera clase?

Nunca más habló de su miedo a hablar en público. Su temor a hacer el ridículo desapareció. Se dio cuenta de que, al trabajar para preparar las clases, la probabilidad de hacer el ridículo era muy baja. Su seguridad y autoestima creció, y nunca más se sintió de esa manera.

Gestionar la transición

En el trabajo con equipos, profesionales, emprendedores y empresarios, aparece también un temor, y muchas veces tiene que ver con el dejar de hacer lo que estamos haciendo (zona de confort), para convertirnos en lo que deseamos ser (cuyo resultado es incierto).

Nuevamente, hay una versión que ha caducado, una versión a la que queremos llegar, un compromiso por trabajar en esa dirección, e incertidumbre por los resultados.

Muchas veces no es pereza, no es inseguridad, no es temor lo que impide que esos procesos se lleven a cabo, sino la incertidumbre por la transición. El cómo.

La transición es necesaria, porque nadie decide convertirse en otra cosa y lo logra en forma inmediata. Hay un proceso de transición necesario y eso es lo que hay que gestionar.

¿Desaparecerán los temores?

El miedo no va a desaparecer. No esperes que eso suceda.

El valiente no es aquel que no tiene miedo, sino aquel que, a pesar del miedo, actúa.

Analicemos el temor, seamos valientes y actuemos dando un primer paso.

Es como el “decir que no”.

No tenemos miedo de decir que NO, tenemos las consecuencias de decir que no.

Demos un primer paso, analicemos, y actuemos nuevamente.

Analicemos y sigamos trabajando en el proceso de transformación hacia nuestra nueva versión.

No es simple. No es fácil. Pero si queremos resultados, debemos hacer algo.

Por ello, hagámoslo ahora. Comencemos ya mismo.

¿Y el final de la historia?

Conozco muy bien la historia, y conozco muy bien a su protagonista.

El protagonista se llama Fernando, es argentino y hoy vive en Quito.

Esa persona soy yo.

La versión de Fernando se ha ido perfeccionando a lo largo de los años, y hoy se encuentra – como en aquel momento – en un nuevo proceso de transformación hacia una nueva versión personal y profesional.

Esta historia no tiene un final. El final es abierto, porque sigo trabajando en esta nueva versión, hasta que una nueva versión de Fernando sea necesaria.

En el camino, perfecciono la versión, pruebo, aprendo… tengo éxitos y fracasos.

Lo más importante de todo: la opinión de los demás no influye ni importa.