“Si, entiendo…ahora que me lo dices, puedo verlo”, repitió quién sabe cuántas veces. No podía dar crédito a lo que escuchaba, hasta que el velo que lo cegaba se abrió de par en par y le permitió ver la cruda realidad, como cuando en la serie del mago enmascarado revelaban todos y cada uno de esos trucos que tanto había anhelado conocer desde pequeño. “Siempre fue igual…tú no te diste cuenta, ni te adaptaste”. “Trabajas en una empresa de mierda, llena de hipócritas y mentirosos…y quieres ser honesto, franco y directo…no sabes lo que haces”. El tono manifestaba cierto desprecio por la ingenuidad de su amigo. Nunca supo qué fue lo que lo alentó a ser tan incisivo, pero recibió el mensaje claramente. No se puede ser honesto ni directo en un ambiente que se maneja atendiendo únicamente a mantener las formas. Hay que ser bien respetuoso en su práctica, aunque esto signifique perder el tiempo en conversaciones inútiles, llena de sinsentidos…pero – por supuesto, como iba a ser de otro modo – muy cordiales. “¡A la mierda todo!”, le respondió. “Si hay que ser un falso de mierda, seré el campeón de la hipocresía”, le dijo. “Será todo un reto – continuó – porque tendré que construir un personaje. Ante cada comentario idiota que reciba, responderé con un enorme ´gracias´. Ante cada respuesta afirmativa, entenderé que el mensaje es exactamente el contrario. Ante cada propuesta recibida, entenderé que no se trata nada más que de un mensaje sin sentido, con la intención de llenar un espacio que molesta cuando está vacío de palabras”. “No creo más en nadie”, le dijo. “Y bien que haces…no deberías haber tenido esa expectativa desde un principio”, le respondió. Se quedó pensativo, considerando quién sabe qué clase y/o tipo de posibilidades… “No tiene sentido culparme ahora por no haber visto las señales”, mencionó casi susurrando. “Así es”, recibió como toda respuesta. “Lo interesante es que tengo la oportunidad de crear mi personaje de la forma como quiera, y perfeccionarlo como quiera, practicando todo el tiempo que quiera. Pero debo estar muy atento, porque no debo convertirme en eso… no puedo convertirme en eso”, añadió. “Ese será todo un desafío”, escuchó desde el otro lado de la mesa, por parte de quien ya no estaba muy interesado en seguir hablando del tema. “Entonces, para terminar con esto…declaro que a partir de hoy se van todos a la reputísima madre que los remil parió” le dijo, mientras brindaban con lo que en ese momento tenían en la copa. Eso fue lo último que escuchó como lección del día, antes de volver a indagar sobre la última conquista de su amigo… Sin embargo, cuando se despidieron, recibió un último consejo…una frase despiadada, en el mismo tono en el que había sucedido toda la conversación. Apenas comenzó a alejarse luego de haberse despedido, se detuvo como quien recuerda haber olvidado algo importante. Sin embargo, lo único que hizo fue girar levemente la cabeza hacia su derecha y, levantando su índice derecho, expresó con un gesto de manifiesto desagrado mirando de reojo por encima de su hombro: “recuerda: si vives en un chiquero, tienes que aprender a comportarte como un cerdo”.